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Gestión del Talento

La Gestión del Talento se abordó en la Mesa 1 del VII Congreso Nacional de Ingenieros del ICAI, sobre "Valor y Talento para la sociedad".




 
Pinchando en la imagen tendrás acceso al documento en formato pdf. 
Tardarás menos de 5 minutos en leerlo, ya que está muy condensado. Pero es necesario leerlo con la máxima ATENCIÓN.


Si lo prefieres, lo encontrarás transcrito a continuación:


Mesa 1 GESTIÓN DEL TALENTO 

CUANDO CONECTAMOS CON LO MÁS ESENCIAL DE NUESTRO SER ACCEDEMOS A LO MEJOR DE NOSOTROS MISMOS. 
Javier Ibáñez Cobos (pr. 1984)

Buscamos el talento, la creatividad, lo mejor de nosotros mismos para, en el mejor de los casos, ponerlo a disposición de nuestro propósito más elevado. Buscamos la manera de poner en servicio nuestros valores, como seres humanos y como ingenieros, al servicio de la sociedad y de nuestro propio desarrollo. Pero estas búsquedas solemos hacerlas mirando hacia fuera. Y es que todo parece provenir de fuera: lo que vemos, lo que escuchamos, lo que buscamos, lo que hablamos, lo que sentimos, lo que aprendemos, lo que nos nutre, lo que nos hace crecer. Incluso cuando hacemos un alarde de valentía para buscar dentro de nosotros mismos, nos cuesta mucho desde la consciencia de nuestra propia mente. 

Adquiere un valor muy superior, en cambio, cuando nos desidentificamos de nuestra mente y nuestros procesos mentales, desde una observación a distancia, desde otro nivel de consciencia, que sí nos permite conectar, sin interferencias, con algo más esencial de nosotros mismos, más auténtico, donde reside aquello que buscamos fuera y tanto nos cuesta encontrar.

Refiriéndonos concretamente al talento, que es el tema de esta mesa redonda, observamos que hay actualmente un gran empeño y dedicación en buscarlo, potenciarlo, retenerlo y cultivarlo. 

Lo identificamos, lo parametrizamos, lo comparamos con ciertos patrones para adecuarlo a carreras profesionales o puestos de trabajo. Diseñamos metodologías, establecemos técnicas y entrenamientos en base al conocimiento que vamos teniendo. 

Pero todo esto, aun siendo excelente, parece quedarse corto. Y es que esto mismo se viene dando en muchas otras áreas, como la gestión del tiempo, la gestión del cambio, la gestión del estrés, etc…

Hay mucho desarrollado, mucho escrito, mucho puesto en práctica, pero parece quedarse corto. Todo lo racionalmente concebible está puesto encima de la mesa, pero no parece ser suficiente.

Y es que quizá estemos agotando la vía de lo puramente cognitivo. En general estamos llegando, si es que no hemos llegado ya, al límite superior del manejo racional de estos factores. 

Tenemos encomendada a nuestra mente la total responsabilidad de lo que es nuestra vida. Y lo que escapa al poder de nuestra mente, es difícil traerlo a escena. 

De ahí que nos estemos quedando cortos, o estemos incluso equivocando el camino. Estamos confiando todo nuestro desarrollo como personas, como profesionales, como seres humanos, a lo que somos capaces de aprender desde nuestra maravillosa mente racional. Y nos estamos olvidando de que lo más esencial del ser humano ya es, ya está, y no está fuera precisamente, sino que lo llevamos todos y cada uno de nosotros.

Nos hemos enamorado tanto de nuestras capacidades mentales, que nos hemos acabado identificando con ellas. Y es precisamente esa identificación la que nos aleja de lo que de verdad somos. Y está más que justificado que nos sintamos identificados con nuestra mente, con nuestros procesos mentales, con nuestras ideas, con nuestras creencias y convicciones. Estamos donde hoy estamos gracias a ellas. Y nuestra identificación es tan grande, que nos sentimos aquello, no dejando espacio para que lo esencial aflore.

Pero debemos entender que lo que hoy conforma nuestra mente, además de cierta carga genética, es todo aquello que hemos ido escuchando y aprendiendo de nuestros padres, de nuestros amigos influyentes, en el colegio, en la Universidad, de nuestras experiencias desde la infancia, de nuestros éxitos y de nuestros fracasos pasados. A todo aquello que en un momento dado le dimos el carácter de cierto y verdadero para nosotros, es lo que hoy gobierna nuestras vidas, con independencia de si aquello sigue vigente o no.

Deberíamos, por tanto, reconocer que nuestros procesos mentales actuales están condicionados por todo aquello que hemos ido haciendo nuestro, con independencia de las circunstancias que lo suscitaron. Nuestras creencias, de no se sabe cuándo, nuestras experiencias en tal o cual aventura, nuestros aprendizajes a lo largo de toda nuestra vida, y que en ocasiones nos han servido maravillosamente bien, puede que hoy sean un auténtico lastre.

Todo esto no es nuevo. Se contempla en casi todas las áreas de desarrollo antes mencionadas, especialmente en el fenómeno de la resistencia al cambio, que nos trae de cabeza. Pero la gran dificultad, la enorme dificultad para tomar nota de esta realidad y hacer algo al respecto, es que tratamos de actuar desde la propia mente. Claro, tratamos de hacerlo desde nuestra propia mente porque es con lo que estamos identificados. Entonces le estamos pidiendo a nuestra mente que liquide aspectos mentales a los que hemos dado la consideración de parte de nosotros mismos. Le estamos pidiendo a la mente que ampute parte de lo que constituye la propia mente. No es de extrañar que resulte tremendamente difícil.

Seguimos identificados con nuestra mente y sus procesos mentales, creyendo que no hay otra cosa que la mente y tratando de resolver desde la mente. Es normal que, pese a todos los esfuerzos, se avance poco en áreas que tienen que ver con nuestra esencia, entre las cuales se encuentra el talento.

Hay una frase, que se le atribuye a Albert Einstein, que refleja de alguna manera esta situación de estancamiento: “Un problema no puedes ser resuelto desde el mismo nivel de consciencia en el que fue creado”. 

Por ahí va la propuesta de mirar hacia adentro, la propuesta de conectar con lo más esencial de nuestro ser. Y desde ahí, crear espacios para que aflore lo mejor de nosotros mismo. El talento, la creatividad, la intuición. Y no tengamos reparos en mencionar también el amor, la compasión, la paz.

Todo esto, lo esencial, nuestros valores, quedan eclipsados por el brillo de nuestra mente que apenas permite que afloren eventualmente. Pero ahí están, esperando a que les demos espacio, a que dirijamos nuestra mirada hacia adentro, que no nos resulta fácil por falta de práctica, simplemente. El conocimiento no es suficiente en este caso. Es necesario practicarlo, y practicarlo correctamente, ya que puede aparecer “el vértigo de mirar hacia adentro”

Pero hoy en día, la neurociencia está aportando un conocimiento científico a ciertos fenómenos que siempre hemos podido intuir. Desde la “plasticidad de la mente” hasta los efectos que determinados tipos de meditación producen en ciertas áreas de nuestro cerebro, hoy podemos estar seguros de que es posible actuar desde otro nivel de consciencia.

En ese mirar hacia adentro, en ese conectar con lo más esencial de nosotros mismos, contamos con la ayuda de algunas prácticas desarrolladas en Estados Unidos, como la Práctica de la Atención Plena o Mindfulness, que nos facilitan adquirir el hábito de tomar distancia respecto a nuestros procesos mentales, desidentificarnos o desapegarnos de nuestra mente, y desde ahí generar esos espacios para que lo más esencial de nuestro ser pueda aflorar. Lo mejor de nosotros mismos va a tener la oportunidad de ser puesto al servicio de nuestros propósitos más elevados.

Desde ahí se van a ir desconectando ciertos “pilotos automáticos” que nos tienen secuestrados y que nos llevan por un obstinado camino de “más de lo que ya conozco”. Podríamos decir que desde un nivel de consciencia más elevado sí que es factible detectar y actuar sobre las áreas que suponen un lastre en nuestro desarrollo. Desde la observación desapegada de nuestros procesos mentales podemos corregir y optimizar los que precisen una actualización. 

Y cuando soltamos lastre nos sentimos más ligeros, cuando conectamos con lo más esencial de nosotros mismos nos sentimos mejor, más libres y, a la vez, más responsables de nuestras vidas. Y, en definitiva, cuando vamos soltando todo aquello que no somos, vamos estando en mejor disposición de servir a los demás, desde el mejor desarrollo de nuestra profesión y desde lo mejor de nosotros mismos.


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